• Pato Ramón

Una brasa en la Doble Visera

Cuando se habla de los mejores jugadores de fútbol de toda la historia (1863-2020), tal como lo conocemos en estos días, está muy claro, sin importar el orden, y los logros obtenidos, que entre la Saeta Rubia, O’ Rey, el Káiser, el Tulipán de Oro, el Pibe de Oro, la Pulga, y alguno más que podríamos nombrar, se disputan un lugar en el podio de los más grandes.

Todos los nombrados, un poco más, algunos con sus clubes del momento, otros un poco menos, representando a sus países con la casaca de sus selecciones, jugaron al menos un partido completo en la Argentina.

Los mencionados, solo están ordenados por una cuestión cronológica, y seleccionados para este artículo, coincidiendo con la mayoría del público futbolero.

Edson Arantes do Nascimento, O’ Rey Pelé, con su selección brasilera, y su Santos F. C., único club que jugó en Brasil, disputó en nuestro país, treinta y nueve partidos, con una u otra camiseta.


Franz Beckenbauer, el Káiser lo hizo también en nuestro país, al menos durante un partido, en el estadio de San Martín de Tucumán vistiendo los colores del New York Cosmos, enfrentando a la Selección Argentina Juvenil Campeona del Mundo en Japón 1979.


Es más conocido el derrotero de nuestros compatriotas Alfredo Stéfano Di Stéfano Laulhé, la Saeta Rubia (River – Huracán) y Diego Armando Maradona, el Pibe de Oro (AAAJ – Boca – Newell´s), vistiendo las camisetas de sus clubes en Argentina.


De Lionel Andrés Messi Cuccittini, la Pulga, sabemos que solo puedo jugar en nuestro país vistiendo las camisetas de nuestras selecciones.

Queda un sexto postulante, el holandés Hendrik Johannes Cruijff, el Tulipán de Oro, conocido mundialmente como Johan Cruyff, del que podemos decir que también jugo en la Argentina, pero no pudo completar un partido. Ni siquiera un tiempo. Es más, solo estuvo en una cancha argentina la cantidad de minutos que, coincidentemente, marcaba su histórico #14 que lo acompaño durante la mayoría de los partidos (Ajax y Selección), en toda su carrera.

Solo 14’ se mantuvo Cruyff en la cancha de Independiente de Avellaneda aquel 6 de septiembre de 1972. Solo 14’ le bastaron a Cruyff para demostrar lo que era como jugador, ya que a los cinco minutos había marcado el primer gol del partido en la primera final de la extinta Copa Intercontinental que aquella noche empataran, 1-1, para luego vencer al equipo Rojo, en Holanda y sin equivalencias, por un categórico 3-0, consagrándose, lo que es hoy, campeones mundiales de clubes.

Por Radio Rivadavia, el Gordo Muñoz, expresaba que desconocía a Independiente por la violencia con que estaba jugando el equipo local. Mi padre coincidía con el relator, y sintió alivio cuando el jugador visitante, el #14, fue retirado de la cancha, hasta lo escuche decir, “ahora si podremos ganar”, lo que al final del encuentro no sucedió por la mala fortuna a la hora de definir por parte de Independiente, ya que mereció mejor suerte en aquella primera final.

La agresiva manera de jugar a la que apelo Independiente en aquel partido, y en particular el delantero ocasional, Dante Mircoli, (único europeo en las filas de Independiente), hizo que con una violenta falta contra el crack holandés, lo marginara por el resto del partido.

Llevado en camilla, Johan Cruyff, fue atendido en el vestuario del estadio de la Doble Visera (hoy Libertadores de América), para luego permanecer mirando el partido desde el banco de los suplentes.

Todos sabemos de la grandeza de Cruyff jugando al fútbol, como también conocemos de su vicio con el cigarrillo, agregando lo permisivo que era su DT del momento, Kovacs, es que pudieron ver al rayo del dorsal #14, fumando entre sus compañeros, en el banco de los sustitutos.

Fumaba Cruyff, y la brasa de su cigarrillo iluminaba su atento y flaco rostro que esperaba el final del partido, en el que él mismo, con aquel tempranero gol, y el empate del defensor de Independiente, Francisco Pedro Manuel Sá, terminaría empatado.

Fumaba Cruyff, y la brasa de su cigarrillo quedaba desapercibida entre el humo y el griterío en aquella noche de copas en la Caldera del Diablo.

Cruyff fumaba, y lo seguiría haciendo camino al vestuario, y la brasa se mantenía viva, como esperando el partido consagratorio en Holanda.

Solo 14’ del rayo holandés en nuestras tierras, ya que se negó a venir al Mundial 1978, por razones más que justificadas. Solo 14’ bastaron para disfrutar a un jugador total, abanderado de aquella revolución futbolística holandesa de los años ’70.

Muy pocos fueron aquellos 14’ jugados por Johan Cruyff, en la noche bajo la luna de Avellaneda; como tan grande fue aquel dorsal #14 como para que el club de su origen, el Amsterdamsche Football Club Ajax, decidiera que nadie más que Cruyff tenía derecho a usarlo, por tal motivo, lo retiro en el año 2007.

Sabiendo de lo poco que Johan Cruyff pudo jugar en aquel partido, es que se escuchan murmurar a los duendes de la Doble Visera, que en cada aniversario de aquel partido, el de los 14’ de Cruyff, en la negra y total oscuridad, se puede ver a la brasa de aquel cigarrillo, flotando, que va y viene en la zona de los bancos de suplentes, como pidiendo volver a ingresar al campo de juega para completar su participación copera.

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